Edición 14
Hoy expongo en Dinamarca, el paso por Escocia, y por qué el flúor nació de un problema
Hola, ¿cómo estás?
«No decidan demasiado pronto dónde termina el futuro de sus hijos»
Esa es la frase con la que voy a cerrar mi charla de hoy, y quiero que la leas antes de que la escuche una sala en Dinamarca.
Llegué el miércoles. Ayer viernes comenzó el encuentro internacional de EDIN, en Taastrup, a las afueras de Copenhague: la cita más importante del mundo en displasia ectodérmica. Y hoy sábado 19, a las 14:00 de Dinamarca —10 de la mañana del sábado en Chile—, expongo en la sesión «Professionals Living with ED»: profesionales que viven con la condición. Voy representando a FANDEC, nuestra fundación en formación, y a la comunidad chilena de pacientes.
Por qué esa frase y no otra
Durante mi último año de universidad vi a un niño entrando a la Facultad de Odontología. Tenía displasia ectodérmica, igual que yo, y era la primera persona con mi condición que conocía en persona. Pero su historia había sido radicalmente distinta: un golpe de calor severo le dejó secuelas, su mamá quedó sola con todo, y años después falleció.
Yo también nací con esta condición. Tuve el calor que me obligaba a salirme de los juegos, las prótesis que se soltaban, los años de pensar que mi cuerpo estaba mal antes de entender que simplemente funcionaba distinto. Pero tuve otras cosas: una familia que me acompañó, información, acceso a tratamiento, a mi papá y a mi mamá al lado.
De ahí sale la pregunta que voy a llevar a esa sala: ¿por qué dos niños con la misma condición pueden tener oportunidades tan diferentes? Y la respuesta que me tomó años ordenar: las decisiones importan, pero las condiciones también. No todos tienen las mismas. Por eso ayudar a personas como yo necesita algo más que un buen dentista, y por eso estamos levantando FANDEC.
Si hoy estás leyendo esto con un diagnóstico reciente en la familia, el resto del mensaje también es para ti: no conviertan una condición en una sentencia. Reconozcan los límites reales, ayúdenlos a encontrar sus fortalezas y créanles, incluso antes de que ellos mismos sean capaces de hacerlo.
Antes de Dinamarca, Escocia
De camino pasamos por Escocia, a ver a mi prima Gabriela. Es chilena y vive allá desde hace dieciséis años: llegó a hacer un magíster, en la universidad conoció a un belga que también había venido a especializarse, y terminaron juntando sus vidas en Escocia.
Hoy Gabriela es investigadora y docente en la Universidad de Glasgow, en unos edificios de arquitectura tan imponente que dan ganas de volver a ser alumno de cualquier cosa. Se formó como terapeuta ocupacional y su magíster fue para investigar sobre redes neuronales; como me lo explicó ella, en el fondo sigue haciendo lo mismo, pero ahora desde la universidad.
Y ahí hay algo que no me dejó de dar vueltas, porque es justo lo que me está pasando a mí. Durante años ayudé a personas como yo de una en una, en el sillón dental. En algún momento entendí que hacía falta algo más, y por eso estamos levantando FANDEC. Gabriela hizo ese mismo movimiento desde otra disciplina: de atender a una persona por vez, a investigar y enseñar para que alcance a muchas más. Tuve que viajar al otro lado del mundo para darme cuenta.
Con Carla aprovechamos además unos días de montaña. Caminamos, nos mojamos, nos reímos; y confirmé algo que ya sabía: las mejores conversaciones aparecen cuando uno va cansado y con los zapatos llenos de barro.
Y un dato que me encanta: el flúor nació de un problema
A comienzos del siglo pasado, el dentista Frederick McKay llegó a Colorado Springs y encontró algo rarísimo: gran parte de la población tenía los dientes manchados de café —en un relevamiento de 1908, cerca del 88 % de casi tres mil escolares—, y esos mismos dientes casi no tenían caries.
La causa estaba en el agua: tenía niveles muy altos de flúor. Las manchas eran el exceso; la protección, la dosis correcta. Décadas más tarde H. Trendley Dean determinó cuál era esa dosis, y en 1945 Grand Rapids, en Michigan, fue la primera ciudad del mundo en fluorar su agua potable: las caries de sus niños bajaron más de 60 % en once años.
Un problema que, bien observado, terminó siendo una de las herramientas de salud pública más eficaces que existen. Lo cuento completo en el reel.
Si hoy me preguntan cuántos somos
En esa sala habrá organizaciones que saben con exactitud a cuántos pacientes representan. Chile no tiene un registro oficial de displasia ectodérmica: lo más cercano es la encuesta de pacientes de FANDEC, y cada respuesta suma una persona real. Si vives con esta condición, o alguien de tu familia, respóndela hoy.
Las cartas anteriores
Todas están publicadas aquí: matiassanmartin.com
Si te la reenviaron
La próxima la escribo de vuelta en Chile, con lo que haya pasado en Dinamarca:
El dieciocho, desde lejos
Estas fiestas patrias me toca pasarlo lejos de casa, entre diapositivas. Magnolia quedó a cargo de las empanadas y la cueca, así que celebra por los dos. ¡Felices fiestas!
Un abrazo,
Dr. Matías San Martín H.
Cirujano Dentista especialista en Implantología BMF · Director Clínica Dental Sonríe · Presidente Fundación Displasia Ectodérmica Andrea Nicolás (FANDEC) · Fundador Sonríe Academy